10 d’agost 2017

Estrategia I. La dimensión metropolitana



Si entran en el portal turístico de Londres verán que además de glosar las excelencias de la capital inglesa, nos proponen excursiones de un día: Nos sugieren Bath, Oxford, Stonehenge... y París. Si después de unos días en la ciudad del Támesis, la visita se les queda pequeña, pueden visitar un bonito pueblo del extrarradio de Londres, donde comen croisants y mucho queso. En el momento en el que Londres 'vende' París como parte de su oferta, los límites clásicos de los destinos turísticos se dinamitan.

Planteemos nuevamente el problema de inicio: Crece la demanda de usuarios sobre la ciudad (inmigrantes, emprendedores, estudiantes o turistas), una ciudad que tiene unas dimensiones muy reducidas. El  desequilibrio entre una demanda creciente y una oferta estable genera una presión con efectos ya conocidos: expulsión de los residentes, gentrificación, congestión... Si planteamos la hipótesis de una ciudad global, la demanda tenderá a crecer y, por lo tanto, si no hacemos nada, los problemas se agudizarán. La primera solución parece bastante evidente. Si cambiamos de escala e incorporamos el Área Metropolitana en el terreno de juego del turismo, la tensión sobre los espacios turísticos actuales (en esencia, Ciutat Vella, Eixample y una parte de Sant Martí) se reducirá.

El escenario pesimista

Integrar el área metropolitana en el escenario turístico parece una buena respuesta. Además es consecuente con el proceso histórico de la ciudad, que ha ido expulsando de forma progresiva determinados usos al espacio metropolitano: las explotaciones agrícolas, la industria pesada, una parte de la industria ligera, la logística y el puerto, y una parte de los servicios (hospitales, universidades...). TV3 está en Sant Joan Despí, el Circuit en Montmeló, el Archivo de Cataluña en Sant Cugat, la Fira en L'Hospitalet y el campo del Espanyol en Cornellà.

Pero proclamar la metropolinización del turismo es mas fácil que llevarla a cabo. El escenario más probable si no hacemos nada será más o menos este: Una parte de la nueva planta hotelera y de los nuevos HUTs se desplazarán hacia la corona metropolitana, que compensarán la distancia con la política de precios. Se dispersará solo la oferta de bajo precio. La localización preferente de estos esblecimientos será perirubana, cerca de los ejes de transporte que conecten rápidamente con el centro de Barcelona. La relación entre los turistas y las ciudades metropolitanas será nula. Por su parte, la ciudad habrá expulsado una parte de la oferta de alojamiento, pero los desplazamientos diarios atraerán a todos los turistas diseminados por el espacio metropolitano hacia los nodos de la ciudad. Barcelona sufrirá los mismos efectos que Venecia: El Lido concentra una parte significativa del alojamiento, pero el flujo de turistas diario satura inevitablemente la ciudad durante todo el día. En la ciudad, el PEUAT eliminará el efecto de la competencia. Los hoteles saben que tendrán clientes porque no hay nuevos hoteles que puedan castigar sus puntos débiles. La tendencia natural será un progresivo encarecimiento del precio de los hoteles en el centro y una disminución de la calidad de la oferta (menor en los hoteles de cadena, que no querrán comprometer la imagen de marca). 

Este escenario se puede resumir en dos ideas fuerza: Primero, la expansión hacia el Área Metropolitana ocurrirá de forma inevitable; de hecho, ya está ocurriendo ahora mientras miramos los turistas de la Barceloneta. Segundo, si la desconcentración se lleva a cabo sin ningún tipo de intervención, el resultado no mejorará necesariamente la situación actual. Por eso, más que abogar por la metropolinización del turismo en Barcelona, deberíamos planificar el cambio de escala. Deberíamos contemplar al menos cinco estrategias: la redacción de un plan turístico metropolitano, la creación de densidades turísticas, la especialización funcional, la potenciación de experiencias turísticas metropolitanas y la re-localización periférica.

Plan metropolitano

Ningún plan va a funcionar si no opera a escala metropolitana. Si los flujos, la red de transporte, las dinámicas inmobiliarias y la misma logística turística tiene una dimensión metropolitana, los planes no pueden ser solo municipales. Esta es la mayor debilidad del reciente PEUAT: Decide qué hacer en Barcelona, pero no interviene (porque no puede hacerlo) en la primera y la segunda corona. El AMB necesita con urgencia un plan turístico metropolitano, que fije dinámicas, procesos y reequilibrios a corto, medio y largo plazo.

Densidades

Una de las necesidades del plan es crear concentraciones de oferta. Primero, oferta de alojamiento y después, el resto de la oferta. Si la planta hotelera se dispersa en el conjunto del área, no existirán densidades que creen ofertas de soporte. Es bueno que algunas ciudades concentren muchos hoteles y otras no tengan ninguna actividad turística. Solo cuando el número de hoteles es suficientemente amplio, cobra sentido la creación de otras ofertas (restauración, ocio y, al final, oferta cultural y recreativa) dirigida a los turistas. Y ese es el principal antídoto contra la fuerza de atracción de Barcelona. Sin densidades, los hoteles diseminados por todo el territorio, serán hoteles dormitorio que potenciarán la congestión del centro de Barcelona.

Especialización funcional

La apuesta metropolitana es (como casi todas las apuestas de los destinos) una apuesta a medio y largo plazo. El objetivo es construir identidades complementarias a la imagen de Barcelona, que tengan capacidad de atracción de una parte de la actividad turística. Hay que saber que la fuerza centrípeta de la capital será inevitable y que estas medidas actúan como mecanismos de compensación parcial, pero nunca como sustitutos.

Las estrategias de especialización funcional son una de las prioridades del plan, pero me atrevo a sugerir cuatro ejes: La especialización litoral (Viladecans - Gavà - Castelldefels al sur y Bajo Maresme  en el norte), las polaridades urbanas secundarias (L'Hospitalet, Sabadell y Badalona), los núcleos históricos (Sant Boi de Llobregat / Colònia Güell y Sant Cugat) y el eje natural y balneario. No todas van a funcionar, pero es importante que las estrategias de desconcentración tengan personalidad y construyan alternativas viables a medio plazo a la atracción de Barcelona.

Experiencias turisticas

Además de atractores de nuevos hoteles, de apartamentos o de restauración, el gran objetivo es que el área metropolitana consiga también ofrecer experiencias turísticas que descongestionen la presión sobre el centro de Barcelona. Recorridos en bicicleta por el parque agrario, conciertos alternativos, turismo creativo, birdwatching en el delta, cursos de vela, senderismo en el Garraf... Solo cuando en el Área Metropolitana "pasen cosas" la redistribución turística cobrará sentido. La demanda creciente de experiencias juega a favor de este proceso, pero no será fácil compensar la atracción del escenario Barcelona.

Re-localización

Finalmente, se trata de impregnar la dimensión metropolitana en todas las decisiones futuras sobre el turismo de la ciudad. El objetivo es asumir que el nuevo escenario de la actividad turística es el conjunto del área, no como una alternativa (un plan B) a la mixomatosis de Barcelona, sino como una verdadera lógica territorial. Eso se entiende mejor con algunos ejemplos: El Sónar en Sabadell, el Picasso en Sant Cugat, el Godó en Badalona, l'Hermitage en Terrassa, el Primavera Sound en Sant Boi de Llobregat...

El cambio de escala es la apuesta más solvente a la congestión del centro en un escenario de nuevas movilidades, cuando Barcelona se ha incorporado a la liga de las ciudades globales. Integrar el área metropolitana asegura rebajar la presión en el centro y permite diversificar la imagen de la ciudad, con muchos más acentos que los que ofrece actualmente. Pero solo con acciones inteligentes de valorización de las coronas que rodean la ciudad, será posible que este proceso supere el escenario de la descentralización de la oferta mediocre. Y lógicamente, algunas de estas dinámicas ayudarían también a reforzar ciudades intermedias del Área Metropolitana no solo en su estrategia turística, sino en la propia estrategia de ciudad. Si Londres ya vende París, la Barcelona turística no puede quedar encerrada en el perímetro del Ensanche de Cerdà.